domingo, 29 de julio de 2012

Las mujeres hacen la diferencia

En una ocasión, el presidente de los Estados Unidos, Obama, salió a cenar con su esposa Michelle Obama, y llegaron a un restaurante no tan lujoso, querían hacer algo diferente, y salir de la rutina.
Estando sentados en la mesa del restaurante, el dueño se acercó donde se encontraban y les pidió por favor a los guardaespaldas que le permitieran acercase para saludar a la esposa del presidente, y así lo hizo.
Al retirarse el dueño del restaurante, Obama le pregunta a Michelle: ¿ Cuál es el interés de este hombre en saludarte?
Michelle le responde: Lo que pasa es que en mi adolescencia este hombre estuvo muy enamorado de mi por mucho tiempo.
Obama le dice: ahhh, quiere decir que si tú te hubieras casado con él, hoy  fueras la dueña de este restaurante?
Michelle le responde: No cariño… si me hubiera casado con este hombre, hoy él fuera el presidente de los Estados Unidos .

El limpia Parabrisas

Eran cerca de las once de la noche.
Hacía algunos minutos había dejado a mi novia en su casa. El alto me tocó en el semáforo de Plásticos Róbelo.

Una persona caminó hacia el vehículo e inmediatamente puse el seguro. Era un joven con el rostro sucio que blandía en su mano derecha un trapo pretendiendo limpiar el parabrisas… Dije que no sin mucho entusiasmo. El insistió y mi paciencia se agotó, sentí que la sangre se me subía a la cabeza y baje el vidrio de mi ventana y encaré al joven casi gritándole: ¡Ya te dije que no!.
La primera apariencia que me dio fue hule pega, sin embargo al fijarme detenidamente en su rostro observé que estaba sucio, pálido y con una expresión de tristeza. Con ese trapo tan sucio dije más bien me vas a ensuciar el vidrio.

Él bajo su cabeza y guardó silencio. La actitud humilde del joven me impactó.
Me sentí incomodo y para tratar de suavizar la situación le dije: Por que no te compras una palita limpia vidrios y así das un buen servicio. Es que no tengo dinero respondió con voz suave que parecía un murmullo. Bueno pues ahorra y cómprate uno le respondí. Levantó los ojo y me dijo: Esta bien señor.
El incidente, quizás por ser algo tan frecuente en nuestra capital, se me olvido. Pasó el tiempo y una noche, en el mismo semáforo un joven con el cabello al viento y con una sonrisa contagiosa se me acercó alegremente y me preguntó: Ahora si señor me deja limpiarle el vidrio.

El joven lucía radiante, como si un rayo de felicidad iluminara su vida. Quedé unos instantes impávido, hasta que logré reconocerlo. Era el mismo joven de aquel incidente.

Ahora estaba limpio y blandía en su mano derecha una palita de esa con que limpian vidrios.
Mire Don, agregó el joven, le hice caso, ahorré y me compré mi limpiador, ahora me va muy bien. Una carcajada brotó desde mi corazón, era la exhumación de culpa por mi altanería de algunos meses atrás. Por su puesto respondí y el joven de forma eficiente limpió el parabrisas. Le pagué por sus servicios y el agradeció gentilmente.

En la noche repasé los acontecimientos. Ese joven no tenía recursos ni esperanzas. Pero la necesidad y la voluntad de salir adelante bastaron para asirse de una posibilidad: cambiar su trapo sucio por un instrumento más eficaz y así mejorar sus ingresos. Se esforzó y lo logró.

Cuántas veces, me pregunté, muchos de nosotros con más recursos y más estudio, nos hundimos en el desánimo y caemos en el abandono y negligencia.

Ese joven sencillo , pobre y quizás analfabeta me mostró, con su ejemplo, la luz que muchas veces necesitamos para ver en medio de la oscuridad del desánimo y la desesperación para volver a intentarlo de nuevo, para innovar la fe en nosotros mismos y levantarnos con el éxito, con la victoria.

Un hombre, solo un hombre

He encontrado a mi paso amigos, enemigos, conocidos, científicos, intelectuales, pacifistas, pero aún mi pesquisa por lo que más yo deseo… “el Hombre”.
 “ UN HOMBRE ”Que no tema a la ternura, que se atreva a ser débil cuando necesite detenerse, o recobrar fuerzas para la lucha diaria, que no piense que al amarse lo derroto o que al amarlo se aniquila.
“ UN HOMBRE ”Que me proteja de los demás y de mí misma, que conociendo mis errores, los acepte y me ayude a corregirlos.
 “UN HOMBRE” Que quiera y sepa reconocer mis valores espirituales y sobre ellos pueda construir todo un mundo, que nunca me rebaje con su trato.
 “UN HOMBRE” Que con cada amanecer me ofrezca una ilusión, que aliente nuestro amor con delicadeza para que una flor entregada con un beso tenga más valor que una joya.
 “UN HOMBRE” con el que pueda hablar, que jamás corte el punto de comunicación antes que me atreva a decir cuánto pienso sin temor de que me juzgue y se ofenda y que sea capaz de decírmelo todo, incluso que no me ama.
 “UN HOMBRE” Que tenga siempre los brazos abiertos para que yo me refugie en ellos cuando me sienta amenazada e insegura, que conozca su fortaleza y mi debilidad; pero jamás se aproveche de ello.
 “UN HOMBRE” Que tenga abierto los ojos a la belleza, a quien domine el entusiasmo y ame intensamente la vida, para quien cada día sea un regalo inapreciable que hay que vivir plenamente aceptando el dolor y la alegría con igual serenidad.
 “UN HOMBRE” Que sepa ser más fuerte que los obstáculos, que jamás se amilane ante la derrota y para quien los contratiempos sean más retos que adversidad, y que esté tan seguro de su poder que no sienta la necesidad de demostrarlo a cada minuto.
 “UN HOMBRE” Que no sea egoísta, que no pida lo que no se ha ganado, pero que siempre haga esfuerzos para tener lo mejor porque lo ha ganado.
 “UN HOMBRE” Que se respete a sí mismo, porque así sabrá respetar a los demás; que no recurra jamás a la burla ni a la ofensa, que más rebajan a quien las hace que a quien las recibe.
 “UN HOMBRE” Que no tenga miedo de amar, ni que se envanezca porque es amado, que goce el minuto como si fuera el último, que no viva esperando el mañana porque tal vez nunca llegue.
-CUANDO LO ENCUENTRE LO AMARÉ INTENSAMENTE-

Venciendo problemas

Un joven reportero en una ocasión entrevistó a un triunfador hombre de negocios. El reportero le pidió que le diera un historial detallado de su compañía. Mientras el hombre hablaba extensamente, el reportero comenzó a asombrarse de los muchos problemas que este había vencido. Al final le dijo:
-¿Pero cómo venció tantos problemas de tal magnitud?
El anciano caballero se echó hacia atrás en su silla y dijo:
- En realidad no hay ningún truco en cuanto a esto. Luego añadió:
- Sabes, …hay algunos problemas que parecen tan grandes que no puedes pasarles por encima.
El reportero asintió, pensando en experiencias por las que atravesaba en el presente.
- Y -el sabio hombre de negocios prosiguió-, hay algunos tan anchos que no puedes darles la vuelta.
De nuevo, el reportero asintió. El hombre continuó levantando su voz de forma dramática:
- Y hay algunas dificultades tan profundas que no puedes cavar por debajo de ellas.
Ansioso por una solución, el reportero le dijo:
-¿Sí? ¿Sí?
-Es entonces -concluyó el hombre-, cuando sabes que la única forma de vencer el problema es bajar tu cabeza y embestirlo.
El problema rara vez disminuye mientras la persona esta de pie y mirándolo de frente. Pero cuando buscas con diligencia una solución, está garantizado que tu problema disminuirá.
No hay problema que pueda dominar la diligencia.

El tira palos

Las personas tienen sólo dos alternativas cuando se trata de sus emociones: las controlan o estas les controlan.
Esto no significa que para ser un buen jugador de equipo tiene que ignorar sus sentimientos. Pero sí quiere decir que no va a permitir que sus sentimientos le impidan hacer lo que debe hacer o cosas que no debería hacer.
Un ejemplo clásico de lo que puede ocurrir cuando una persona no disciplina sus emociones puede verse en la vida de la leyenda del golf, Bobby Jones.
Como hoy día Tiger Woods, Jones fue un prodigio jugando golf. Empezó a jugar en 1907 a los cinco años de edad. Cuando tenía doce, marcó “bajo par”, algo que la mayoría de los golfistas no logran durante toda una vida jugando. A los catorce, calificó para el equipo amateur de los Estados Unidos.
Pero Jones no ganó esa competencia. Su problema se puede describir mejor con el sobrenombre que le pusieron: Bobby el “tira palos”. A menudo, Jones perdía la compostura y con ella, su habilidad de jugar bien.
Un golfista más viejo a quien Jones llamaba abuelo Bart le dijo un día: “No podrás ganar mientras no controles tu temperamento”.
Jones escuchó el consejo y empezó a trabajar para controlar sus emociones.
A los veintiún años, Jones floreció y se convirtió en uno de los más grandes golfistas de la historia, retirándose a los veintiocho años después de haber ganado el Grand Slam del Golf.
Este comentario del abuelo Bart resume la situación: «Bobby tenía catorce cuando logró controlar el deporte del golf, pero tenía veintiún años cuando logró controlarse a sí mismo».