lunes, 26 de noviembre de 2012

 ejmpls de prosa literaria y de prosa comun

Este es un ejemplo de prosa literaria, es de jaime sabines

¡SI UNO PUDIERA ENCONTRAR lo que hay que decir, cuando todas las ventanas se han levantado del campo como palomas asustadas! ¡Si uno pudiera decir algo, con sólo lo que encuentra, una piedra, un cigarro, una varita seca, un zapato! ¡Y si este decir algo fuera una confirmación de lo que sucede; por ejemplo: agarro una silla: estoy dando un durazno! ¡Si con sólo decir "madera", entenderías tú que te florezco; si con decir calle, o con tocar la pata de la cama, supieras que me muero!

No enumerar, ni descifrar. Alcanzar a la vida en esa recóndita sencillez de lo simultáneo. He aquí el rayo asomándose por la persiana, el trueno caminando en el techo, la luz eléctrica impasible, la lluvia sonando, los carros, el televisor, las gentes, todo lo que hace ruido, y la piel de la cama, y esta libreta y mi estómago que me duele, y lo que me alegra y lo que me entristece y lo que pienso, y este café caliente bajando de mi boca adentro, en el mismo instante en que siento frío en los pies y fumo. Para decir todo, escojo: �estoy solo�, pero me da tos y te deseo, y cierro los ojos a propósito.

Lo más profundo y completo que puede expresar el hombre no hace con palabras sino con un acto: el suicidio. Es la única manera de decirlo todo simultáneamente como hace lo hace la vida. Mientras tanto, hay que conformarse con decir: esta línea esta recta, o es curva, y en esta esquina pasa esto, bajo el alero hay una golondrina muerta. Ni si quiera es cierto que sean las seis de la tarde.

Y este de prosa comun.

La literatura económica puede dividirse en dos grandes campos: la microeconomía y la macroeconomía. La microeconomía estudia el comportamiento individual de los agentes económicos, principalmente las empresas y los consumidores. La microeconomía explica cómo se determinan variables como los precios de bienes y servicios, el nivel de salarios, el margen de beneficios y las variaciones de las rentas. Los agentes tomarán decisiones intentando obtener la máxima satisfacción posible, es decir, maximizar su utilidad. La macroeconomía analiza las variables agregadas, como la producción nacional total, la producción, el desempleo, la balanza de pagos, la tasa de inflación y los salarios, comprendiendo los problemas relativos al nivel de empleo y al índice de producción o renta de un país.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Las mujeres de mi generación son las mejores.

Las mujeres de mi generación son las mejores.

Y punto. Hoy tienen cuarenta y tanto incluso cincuenta, y son bellas, muy bellas, pero también serenas, comprensivas, sensatas, y sobre todo, endiabladamente seductoras, esto a pesar de sus incipientes patas de gallo o de esa afectuosa celulitis que capitanea sus muslos, pero que las hace tan humanas, tan reales. Hermosamente reales. Casi todas, hoy, están casadas o divorciadas, o divorciadas y vueltas a casar, con la idea de no equivocarse en el segundo intento, que a veces es un modo de acercarse al tercero, y al cuarto intento. Qué importa...

0tras, aunque pocas, mantienen una pertinaz soltería y la protegen como una ciudad sitiada que, de cualquier modo, cada tanto abre sus puertas a algún visitante. ¡Qué bellas son, por Dios, las mujeres de mi generación! Nacidas bajo la era de Acuario, con el influjo de la música de los Beatles, de Bob Dylan... Herederas de la revolución sexual de la década del 60 y de las corrientes feministas que, sin embargo recibieron las facturas por varios filtros, ellas supieron combinar libertad con coquetería, emancipación con pasión, reivindicación con seducción. Jamás vieron en el hombre a un enemigo a pesar de que le cantaron unas cuantas verdades, pues comprendieron que emanciparse era algo más que poner al hombre a trapear el baño o a cambiar el rollo de papel higiénico cuando éste, trágicamente se acaba, y decidieron pactar para vivir en pareja, esa forma de convivencia que tanto se critica pero que, con el tiempo, resulta ser la única posible, o la mejor, al menos en este mundo y en esta vida.

Son maravillosas y tienen estilo, aún cuando hacen sufrir, cuando engañan o dejan. Las mujeres de mi generaciòn usamos faldas hindúes a los 18 años, nos cubrimos con suéteres de lana y perdimos nuestro parecido con María, la virgen, en una noche loca de viernes o de sábado después de bailar. Nos vestimos de luto por la muerte de Julio Cortázar, hablamos con pasión de política y quisimos cambiar el mundo, tomamos ron cubano y aprendimos de memoria las canciones de Joan Manuel, Silvio y de Pablo. Adorábamos la libertad, algo que hoy le inculcamos a nuestros hijos, lo que nos hace prever tiempos mejores, y, sobre todo, juramos amarnos para toda la vida, algo que sin duda hicimos y que hoy seguimos haciendo en nuestra hermosa y seductora madurez. Supimos ser, a pesar de la belleza, reinas bien educadas, poco caprichosas o egoístas, diosas con sangre humana. El tipo de mujer que, cuando le abren la puerta del auto para que suba, se inclina sobre el asiento y, a su vez, abre la de su pareja desde adentro. La que recibe a un amigo que sufre a las cuatro de la mañana, aunque sea su ex novio, marido o pololo, porque somos maravillosas y tenemos estilo, aún cuando nos hacen sufrir, cuando nos engañan o nos dejan, pues nuestra sangre no es tan helada como para no escucharnos en esa necesaria y salvadora última noche en la que estamos dispuestas a servirnos el cuarto pisco sour y a poner, por sexta vez, esa melodía de Santana, o de Cat Stvens.Por eso, para las que nacimos entre las décadas del 40, 50 y 60, el día de la mujer es, en realidad, todos los días del año, cada uno de los días con sus noches y sus amaneceres, que son más bellos, como dice el bolero, cuando estás tú. !Qué bellas son, por Dios, las mujeres de mi generación!

A medida que avanzo en edad, valoro las mujeres que tienen más de cuarenta y cinco, más que a cualquiera. Aquí hay algunas razones de por qué. Porque soy una de ellas. Porque una mujer de más de 40 nunca te va a despertar en la mitad de la noche para preguntarte ¿Qué estás pensando?. No le interesa lo que estás pensando. Si una mujer de más de 40 no quiere mirar un partido de football ella no da vueltas alrededor tuyo. Se pone a hacer algo que ella quiere hacer y generalmente es algo mucho más interesante. Una mujer de más de 40 se conoce lo suficiente como para estar segura de sí misma, de lo que quiere, y de con quién lo quiere, son muy pocas las mujeres de más de 40 a las que les importa lo que tú pienses de lo que ella hace. Una mujer de más de 40 ya tiene cubierta su cuota de relaciones importantes y compromisos. Lo último que quiere en su vida es otro amante posesivo. Las mujeres de más de 40 están dignificadas. Es muy raro que entren en una competencia de gritos en el medio de un cine o en el medio de un restaurante. Por supuesto que si piensan que te lo mereces no van a dudar en dispararte un tiro. Las mujeres de más de 40 son generalmente generosas en alabanzas. Ellas saben lo que es no ser apreciadas lo suficiente.Las mujeres de más de 40 tienen suficiente seguridad en sí mismas como para presentarte a sus amigas. Una mujer más joven puede llegar a ignorar hasta a su mejor amiga. Las mujeres se vuelven psíquicas a medida que pasa el tiempo. No necesitas confesar tus pecados, ellas siempre lo saben. Son honestas y directas. Te dicen directamente que eres un imbécil si es lo que sienten sobre ti.

Tenemos muchas cosas buenas que decir de las mujeres de más de 40 y por múltiples razones. Lamentablemente no es recíproco. Por cada impactante mujer de más de 40, inteligente, bien vestida, sexy, hay un hombre de más de 50... pelado, gordo, barrigón y con pantalones arrugados haciéndose el gracioso con una chica de 20 años... Amigas, les pido perdón por ellos.

Compromiso de Amor Propio


Me comprometo a…
Amarme, cuidarme, aceptarme y respetarme siempre,
en la salud y la enfermedad,
el triunfo y el fracaso,
el acierto y el error,
la alegría y el dolor.
Seré siempre mi aliado y compañero.
Me comprometo a…
Cuidar y amar mi cuerpo.
Satisfacer sus naturales necesidades.
Evitar cualquier cosa que pueda dañarle.
Darle la acción y también el descanso,
el gozo y las caricias que necesita.
Me comprometo a…
Hacerme responsable de mi vida y mi destino
y dejar de excusarme en los demás.
Centrarme en lo que hago y tengo que hacer
y no en lo que deben hacer los demás.
Centrarme en lo que yo tengo que aprender
y no lo que deben aprender los otros.
Me comprometo a…
Levantarme si un día me caigo
perdonarme si un día me equivoco
buscarme si un día me pierdo
Estar siempre dispuesto a empezar de nuevo
y buscar mi felicidad.
Me comprometo a…
Decir sí
cuando realmente lo quiera
Decir no
cuando mi corazón lo sienta.
Me comprometo a vivir mi verdad
respetando la verdad de los demás.
buscando la armonía como guía de vida.
Me comprometo a…
No pedir al otro lo que no esté dispuesto a darle
y no dar nada si hacerlo va a dañarme.
Tomar con agradecimiento todo lo que quieran darme
y dar con verdad todo lo que quiera darles,
buscando siempre el equilibrio en mis relaciones.
Me comprometo a…
Nunca querer ser dueño de la vida de nadie
para poder ser el dueño de mi vida.
Amaré a mis amigos pero no serán míos
Amaré a mi pareja pero no será mía.
Cuidaré y enseñaré a mis hijos
pero no seré su dueño
ni nadie podrá ser dueño mío.
Más allá de lo que los demás sean
los respetaré como personas
Más allá de lo que yo sea para ellos
me respetarán como persona.
Me comprometo a…
Aceptar la realidad de las personas
y no estar en las fantasías de lo que yo deseo y espero.
Si siempre digo sí, se que obtendré sonrisas
pero necesitaré algún día decir no
para conocer la verdad de la persona.
y de la relación que mantiene conmigo.
Me comprometo a…
Pedir lo que necesito
expresar lo que siento
decir lo que me gusta
y lo que me desagrada.
Me comprometo a gritar mi dolor
y llorar mi pena,
reir mi alegría
y respirar mi esperanza.
Me comprometo a
Hacer cada día algo,
de lo que me sienta satisfecho
y me haga sentir
mi valía como persona.
Me comprometo a poner en cada día de mi vida
un poco de amor
haciendo las cosas con corazón
por mi propia satisfacción.
Me comprometo a
De entre todos mis sueños y deseos
dar importancia a lo más importante.
De entre todos mis amores
dar más amor a lo que más quiero.
Me comprometo a estar más en lo que hago
y lo que tengo
sabiendo disfrutarlo.
Me comprometo a
Nunca renunciar a mis verdaderos sueños
A esforzarme cada día un poco
para lograr lo que anhelo,
sin abandonar ante los obstáculos y desafíos.
Me comprometo a permanecer en lo que quiero
a seguir mi camino con voluntad, fuerza y firmeza
sabiendo también adaptarme y cambiar lo necesario.
Del Libro Amarte. Creando tu plenitud
Francisco Torres Perales

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La pìeza faltante

Narra la historia de una rueda a la que le faltaba un pedazo, pues habían cortado de ella un trozo triangular. La rueda quería estar completa, sin que le faltara nada, así que se fue a buscar la pieza que había perdido.
Pero como estaba incompleta y solo podía rodar muy despacio, reparó en las bellas flores que había en el camino; charló con los gusanos y disfrutó de los rayos del sol.
Encontró montones de piezas, pero ninguna era la que le faltaba, así que las hizo a un lado y prosiguió su búsqueda.
Un día halló una pieza que le venía perfectamente. Entonces se puso muy contenta, pues ya estaba completa, sin que nada le faltara. Se colocó el fragmento en el cuerpo y empezó a rodar. Volvió a ser una rueda perfecta que podía rodar con mucha rapidez…Tan rápidamente, que no veía las flores ni charlaba con los gusanos.
Cuando se dio cuenta de lo diferente que parecía el mundo cuando rodaba tan a prisa, se detuvo, dejó en la orilla del camino el pedazo que había encontrado y se alejó rodando lentamente.
La moraleja de este cuento, es que, por alguna razón, nos sentimos más completos cuando nos falta algo. El hombre que lo tiene todo es un hombre pobre en ciertos aspectos: nunca sabrá que se siente anhelar, tener esperanzas, nutrir el alma con el sueño de algo mejor; ni tampoco conocerá la experiencia de recibir de alguien que lo ama lo que siempre había deseado y no tenía.

El arte de escuchar

Cuando escuche a otra persona, no escuche sólo con la mente, escuche con todo su cuerpo. Sienta el campo de energía de su cuerpo interior según escucha. Esto aparta la atención del pensamiento y crea un espacio de calma que le permite escuchar verdaderamente sin la interferencia de la mente. Usted está dando espacio a la otra persona, espacio para ser. Es el don más precioso que puede dar.
La mayoría de las personas no saben escuchar porque la mayor parte de su atención está ocupada en pensar. Prestan más atención a eso que a lo que la otra persona está diciendo, y ninguna a lo que realmente importa: el Ser de la otra persona bajo las palabras y la mente. Por supuesto, usted no puede sentir el Ser de otra persona sino a través del suyo.
Ese es el comienzo de la realización de la unidad, que es amor. En el nivel más profundo del Ser, usted es uno con todo lo que es. La mayoría de las relaciones humanas consisten principalmente en la interacción de unas mentes con otras, no en la comunicación de seres humanos, seres humanos en comunión. Ninguna relación puede crecer de esa forma y por eso hay tantos conflictos en las relaciones. Cuando la mente gobierna su vida, el conflicto, la disputa y los problemas son inevitables.
Estar en contacto con su cuerpo interior crea un espacio claro de no­ mente dentro del cual la relación puede florecer.
Ekchart Tolle

Terapia del elogio

Renombrados terapeutas que trabajan con famílias, divulgaron una reciente investigación donde se hace notar que los miembros de las famílias en general están cada vez más frios, no existe más cariño, no se da más valor a las cualidades, solo se escuchan críticas.
Las personas están cada vez más intolerantes y se desgastan dando valor a los defectos de otros. Por eso, las relaciones de hoy no duran.
La ausencia del elogio está cada vez más presente en las famílias de media y alta renta. No vemos a los hombres elogiando a sus mujeres o vice-versa. No vemos a los jefes elogiando el trabajo de sus subordinados. No vemos nunca a los padres e hijos elogiandose. Tampoco a los amigos, etc.
Solo vemos personas superficiales y fútiles dando valor a artistas, cantantes… A personas que usan la imagen para ganar dinero y que, por consecuencia, son personas que tienen la obligación de cuidar del cuerpo y del rostro. Esa ausencia de elogio ha afectado mucho a las famílias.
La falta de diálogo en sus hogares, el exceso de orgullo impide que las personas digan lo que sienten y llevan esa carencia para dentro de los consultorios. Destruyen sus matrimonios, y acaban buscando en otras personas lo que no consiguen dentro de casa.
Comencemos a dar valor a nuestras famílias, amigos, alumnos, subordinados. Vamos a elogiar al buen profesional,  la buena actitud, la ética, la belleza de nuestros compañeros o nuestras compañeras, el comportamiento de nuestros hijos.
Vamos a observar lo que a cada persona le gusta. El buen profesional, el buen hijo, el buen padre o la buena madre, el buen amigo, la buena ama de casa. La mujer y el hombre que se cuidan… En fin, vivimos en una sociedad en la que uno necesita del otro, es imposible vivir solo y aislado.
Los elogios són la motivación en la vida de cualquier persona. ¿Cuántas personas podría usted hacer feliz hoy elogiándolas de alguna manera?
¡Entonces elogie alguien hoy!

Padre Triple A

Por 52 años mi padre se levantó cada mañana a las 5:30 a.m., excepto el domingo, y se fue a trabajar. Por 52 años estuvo de vuelta a las 5:30 p.m., como reloj, para cenar a las 6:00 p.m.
No recuerdo que mi padre “saliese con los muchachos” o libase licor. Todo lo que pedía de mi como su hija, era sostener su martillo mientras reparaba algo, para que pudiésemos tener un tiempo para conversar.
Nunca vi a mi padre regresar enfermo del trabajo, ni tampoco tomarse una siesta. No tenía entretenimientos más allá de cuidar de su familia.
Por 22 años, desde que dejé el hogar para ir a la universidad, mi padre me llamó cada domingo a las 9:00 a.m. Siempre estuvo interesado en mi vida, sobre cómo le iba a mi familia, y nunca le oí quejarse de su vida. Las llamadas las hizo aún cuando él y mamá estaban en Australia, Inglaterra o Florida.
Hace nueve años, cuando compré mi primera vivienda, mi padre de 67 años, invirtió ocho horas al día por tres días en el intenso calor de Kansas, pintándola.
No me dejaba pagarle a alguien que lo hiciera. Todo lo que pedía era un vaso de té frío, y que le sostuviese la brocha de pintura para poder conversar conmigo. Pero yo estaba demasiado ocupada, tenía una práctica legal que ejercer, y no podía disponer del tiempo para sostener una brocha o hablar con mi padre.
Hace cinco años, a la edad de 71, otra vez en el sofocante calor de Kansas, mi padre invirtió cinco horas armando un columpio para mi hija. De nuevo, todo lo que pedía era que le llevase un vaso de té frío y le hablase. Pero nuevamente yo tenía ropa que lavar y una casa que limpiar.
Hace cuatro años, mi padre condujo desde Denver a Topeka, con un plantón de árbol, original de Colorado, de ocho pies, en su maletero, para que mi esposo y yo pudiésemos tener un poco de vegetación de allá en nuestra tierra. Yo me preparaba para un viaje ese fin de semana y no pude pasar mucho tiempo atendiendo a papá.
La mañana del domingo 16 de enero de 1996, mi padre me telefoneó como siempre, esta vez desde el hogar de mi hermana en Florida. Conversamos sobre el árbol que me había traido, “El Gordo Alberto”, pero esa mañana lo llamó “El Gordo Oscar” y parecía haber olvidado algunas cosas que habíamos conversado la semana anterior. Como tenía que ir a la iglesia, abrevié y corté la conversación.
La llamada me llegó a las 4:40 p.m., ese día: mi padre estaba en el hospital en Florida con un aneurisma. Tomé un avión de inmediato, y mientras iba en camino, pensé en todas las veces en que no había tomado el tiempo para hablar con mi padre. Me di cuenta que yo no tenía idea de quién era él o cuáles eran sus más profundos pensamientos.
Decidí que al llegar, le compensaría por todo el tiempo perdido y tendría una conversación larga y agradable con él para realmente conocerle. Llegué a Florida a la 1 a.m.; mi padre había muerto a las 9:12 p.m. Esta vez fue él quien no tuvo tiempo para hablar conmigo o tiempo para esperarme. En los años desde su muerte he aprendido mucho acerca de mi padre, y aún sobre mí misma.
Como padre nunca me pidió nada excepto mi tiempo; ahora tiene toda mi atención, todos y cada uno de mis días.
Nos cuesta a veces darle el tiempo precioso a quién realmente se lo merece. Sin duda esas personas no nos niegan el suyo. Vamos hoy a dedicarle tiempo a quien se lo merece.