viernes, 4 de noviembre de 2011

La Leyenda de Jaca

Nadie discute si es leyenda o realidad. Nadie cuestiona su origen porque, quizá, sea lo menos importante para una ciudad que se engalana con sus mejores ropajes cada primer viernes de Mayo para conmemorar la victoria de las huestes del Conde Aznar Galíndez sobre el moro invasor.
Sobre el año 758 las tropas musulmanas intentaron conquistar la ciudad de Jaca en un episodio más de la conquista global de la península Ibérica.
En el amanecer del primer viernes de Mayo de aquel año se libró una gran batalla en las afueras de la ciudad, en la que un reducido ejercito cristiano se enfrentó a miles de musulmanes. Los jacetanos, dirigidos por el conde visigodo Aznar Galíndez, aguantaron el tipo con escasísimos medios y un valor épico.
Al mediodía, cuando todo hacía presagiar lo peor, las mujeres jacetanas, que aguardaban en sus casas, decidieron acudir al campo de batalla armadas tan sólo con sus utensilios domésticos. El reflejo de los rayos del sol sobre sus rudimentarias herramientas y las hojas de boj que les cubrían provocaron el pánico en el rival. Los moros creyeron ver a lo lejos la llegada de nuevos ejércitos cristianos y huyeron.
El regreso a Jaca se convirtió en una fiesta. Portando las cuatro cabezas de los jefes del ejército moro, los jacetanos celebraron la victoria y su libertad.
Desde entonces, cada primer viernes de Mayo la ciudad revive el acontecimiento y cientos de ciudadanos se visten con trajes de la época para participar en un desfile multitudinario.
En la fiesta conviven la realidad y la leyenda sin saber bien a que ceñirse en cada episodio. Alfonso X "El Sabio" recogía el suceso en el IV Libro de su "Grande y General Historia", aunque no contribuía a disolver las dudas sobre la fecha exacta en que se produjo.
La leyenda habla de un ejército moro compuesto por noventa mil hombres, cifra que resulta del todo desproporcionada en relación con la población musulmana asentada en España en aquella época. Tampoco parece creíble que más de mil jacetanos participasen en la batalla cuando apenas se contabilizaban doscientos fuegos hogareños en la ciudad.
El cancionero popular prefirió, sin embargo, la parte más contundente de la leyenda. El coplero Luis Sanz cantó:
"Diez mil moros murieron
en el combate breve,
el jacetano tuvo un sólo
herido... y leve"
La figura central de la fiesta es el conde Aznar Galíndez, un noble visigodo que gobernó los valles de Echo y Canfranc con el reconocimiento de Carlomagno.
Tuvo que poner a prueba su capacidad de gobernante para lograr defender la codiciada plaza de Jaca. Su mayor logro fue que los jacetanos le secundaran en la batalla ante el moro invasor.

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