Miró hacia abajo y vio
como gotas caían suavemente al piso. Para su sorpresa cuando levanta su
vista y ve a su profesora nota que ella lo llama a su escritorio. ¿Cómo
podría moverse sin dejar al descubierto su situación? La profesora al
notar que el niño esta como paralizado y no va hacia ella, lentamente se
viene al pupitre del niño.
Oh, no! Piensa él. ¿Qué voy hacer? Ahora seré avergonzado y mis compañeros se reirán de mi.
En ese momento una niña,
compañera de clases, viene hacia él con una pecera y al pasar frente a
él se tropieza y derrama el agua de la pecera sobre la ropa de él,
mojándole totalmente…
La Maestra
apresuradamente toma al niño y lo lleva al baño para ayudarlo a secarse
su ropa, mientras el internamente decía: Gracias Dios! Gracias Dios! Que
gran regalo me diste!
Para ocultar aún mas lo que vivió, al regresar al salón de clases, miró a la niña y le grito:
Para ocultar aún mas lo que vivió, al regresar al salón de clases, miró a la niña y le grito:
- “¿No sabes por donde caminas?”
En el tiempo de receso
ningún compañerito se quiso acercar a esta niña y ella estaba sola.
Todos la miraban con menosprecio por haber mojado al compañero.
Cuando terminó la clase,
la niña iba caminando solita hacia su casa, ya que ninguno quiso estar
con ella y el niño se acercó y le pregunto:
- Realmente te tropezaste? Fue un accidente?
Y ella lo miró y le dijo:
- No, yo vi lo que te
paso, vi que te orinaste y la profesora venia a ti, por eso corrí y tome
la pecera para hacer que me tropezaba porque no quería que fueras
avergonzado en clase.
Ahora el niño estaba más paralizado de lo que se sintió en el salón…
Cuantas veces han
derramado la pecera sobre nosotros para protejernos? Cuantas veces se ha
creado una situación que no hemos entendido en el momento, pero luego
entendemos que solo fue para beneficiarnos?
Conservemos la calma
ante las situaciones que se nos presenten, siempre llegará una solución,
aunque a primera vista no la reconozcamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario